Una mirada a través del espejo de la migraña | MedForum

Éste es el relato de la paciente con migraña que me hizo recordar que nuestro labor como médicos va más allá de ofrecer una cura.

Estábamos en una época en que las enfermedades respiratorias eran el principal motivo de consulta, los días se volvían rutinarios, hasta que una tarde llegó una paciente de 24 años de edad que me hizo recordar cuál es el objetivo principal de  la medicina, al menos, el que me inspiró a dedicarme a esta noble labor.

¿Cómo una simple coincidencia puede hacerte reflexionar tanto y, al mismo tiempo, sacarte de la cotidianidad para conectar con memorias que a veces parecen haber quedado atrás? Esos momentos están entre los mejores de la medicina.

La paciente acudió a consulta profundamente molesta, ya que desde hacía un par de meses había empezado a experimentar dolores de cabeza que duraban, desde varias horas, hasta un día entero. “Sentía como si me golpearan el cerebro constantemente con un martillo”, me dijo.

Con el paso de las semanas, los episodios de dolor fueron cada vez más largos, en ocasiones de hasta tres días y con mayor intensidad, tanto que provocaban debilitamiento general en la paciente, impidiéndole realizar cualquier tipo de actividad, incluso dormir.

“He notado que cuando comienza el dolor, se concentra en un punto específico sobre mi ojo derecho, después de eso la luz comienza a molestarme demasiado y, a veces, también siento nauseas”, agregó. Los síntomas eran muy claros, la paciente padecía de un cuadro típico de migraña. Sin embargo, continuamos con el interrogatorio.

“¡Dr. estoy harta de esto, de tener que suspender mi vida cada vez que el dolor aparece! Me han aconsejado de todo: ejercicio, yoga, plantas medicinales, ¡pero nada funciona! Quiero volver a la normalidad. ¿Qué puedo hacer?”

Lo primero que respondí fue: “tranquila, te entiendo”. Al instante ella respondió: “¡No es cierto! Todos dicen eso, pero solo podrían entenderme si sufrieran este dolor que estoy sintiendo aunque sea sólo una vez”.

Ante su desesperación yo respondí: “Verás, según los síntomas que has tenido, es casi seguro que padeces de migraña y cuando digo que te entiendo, lo digo sinceramente, yo también la tengo”.
La actitud de la paciente cambió por completo; pasó de la ira y el enojo al llanto. Platicamos sobre lo que implicaba el diagnóstico, las medidas de prevención y las modificaciones que debía hacer para que afectara lo menos posible su día a día.

Al terminar la consulta percibí que la paciente aún estaba consternada por el diagnóstico y sus implicaciones, pero ya no se mostraba a la defensiva, sino más bien reflexiva. Me agradeció por haberle contado mi propia experiencia y añadió que le había ayudado a olvidar el sentimiento de soledad e incomprensión que había tenido durante esos meses. Irónicamente, tuve la misma sensación en ese momento.

 Hace varios años que no he tenido un episodio de migraña, sin embargo, entendí perfectamente la frustración, el enojo e inclusive el miedo que la paciente experimentaba, y fue eso mismo lo que me permitió conectar con ella de una manera más profunda.

Coincido con la paciente, a veces es difícil comprender una enfermedad en su totalidad, a menos que la hayamos experimentado en carne propia; sin embargo, la medicina nos brinda la excepcional oportunidad de desarrollar esa empatía, nos permite compartir nuestra experiencia y acompañar a otro ser humano en su vulnerabilidad. ¿No es esa la finalidad misma de nuestra disciplina? Al final del día, nuestra labor va más allá de ofrecer una cura.
 

 

P3: MX2005828926 Uso exclusivo del profesional de la Salud
Fecha de Expiración: Mayo 2022
ENG.10.MAYO2020

×

Ask Speakers

×

Medical Information Request