Fleming: Bacterias, penicilina y… ¿arte? | MedForum

Descubra la singular expresión artística donde la pintura no sólo cobra vida, sino que la tiene. ¡Bienvenido a un mundo de belleza bacteriana!

En qué categoría colocarías a Alexander Fleming, ¿en la de científico o en la de artista?

La respuesta parece sencilla y casi automática, sin embargo, Fleming no solo pasó a la historia por ser el científico que, al descubrir la penicilina, cambió el rumbo de la humanidad, sino que además fue un destacado, y poco ortodoxo, artista que utilizó aquello que mejor conocía para crear, expresarse y divertirse.

Pocos saben que Fleming fue miembro del Chelsea Arts Club, un exclusivo club londinense, donde inicialmente participó como acuarelista aficionado, hasta que un día descubrió (probablemente también de manera accidental) su propia forma de arte: un arte con vida.

De acuerdo con los curadores del Alexander Fleming Laboratory Museum en Londres, el artista comenzaba su proceso creativo elaborando un boceto en un pedazo de papel absorbente que tuviera las dimensiones que una caja de Petri, después lo presionaba contra un medio de cultivo hasta que el “lienzo” quedara cubierto por una capa de gel enriquecido con nutrientes ¡y comenzaba el coloreado!

Gracias a su experiencia con microorganismos, elegía directamente aquellos que de forma natural producían pigmentos con las tonalidades que necesitaba, los hacía crecer y luego usaba un asa de metal a manera de pincel, las tomaba y coloreaba su boceto.

Twitter: @bugdreams

 

 

 

 

La gama de tonalidades de las que disponía iba aumentando conforme conocía las propiedades de las bacterias, así descubrió que el Micrococcus luteus le proporcionaba el color amarillo, la Pseudomonas aeuruginosa el rosa, la Serratia marcescens el naranja, el Staphylococcus aureus el amarillo y, como su nombre lo indica, el Chromobacterium violaceum el color violeta.

 

Es claro que los colores no eran visibles de manera instantánea, sino que tenía que esperar hasta que la colonia se desarrollara sobre el lienzo y así, paulatinamente, mostraran el tono deseado. En esta fase del proceso, las pinturas de Fleming eran verdaderas piezas de arte vivientes, basadas en el proceso natural de crecimiento y división de los microorganismos que, finalmente, creaban los patrones visuales que constituían la obra.

 

Una vez que obtenía los tonos deseados, mataba a las bacterias y las fijaba con formol, para detener el proceso orgánico y concluir sus cuadros.

Su técnica tuvo tal éxito que no solo inspiró a los colegas de su época a incursionar en el mundo del arte, sino que varios continúan practicándola en la actualidad. Un ejemplo de ello es la American Society for Microbiology que, desde 2015, lleva a cabo el “Agar Art”, un concurso mundial que tiene por objetivo compartir la belleza y la diversidad del mundo de la microbiología con el público.

En los últimos años la innovación, tanto de los científicos como de los artistas, sigue impresionando al mundo: por su parte, los científicos han hecho modificaciones genéticas que hacen que algunas bacterias respondan de cierta manera a la luz y generen un pigmento fluorescente; mientras que artistas, como Mell Fisher, llevan a cabo una variación de la técnica con exposiciones como ‘Microbial Me’ para hacer autorretratos escultóricos a partir de las bacterias de su propia piel.

Así es como Fleming influyó también en otros ámbitos: con creatividad convirtió la ciencia, que era su cotidianeidad, ¡en todo un arte!

 


Fuentes:

 

P3: MX2004819159
Fecha de Expiración: Febrero 2022
ENG.03.FEB2020

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