Cuando el dolor de espalda se complica | MedForum

Caso clínico de un paciente de 60 años con antecedente de espondilitis anquilosante y dorsalgia recurrente.

Se recibió en consulta un paciente masculino de 60 años con antecedente de espondilitis anquilosante de 24 años de evolución tratado con AINES con buena respuesta clínica, sin embargo, refiere en los últimos años la presencia de dorsalgia de perfil mecánico que no cede con antiinflamatorios o analgésicos. Niega traumatismos previos, fiebre, síndrome constitucional o síntomas infecciosos.

A la exploración física, los principales hallazgos fueron la presencia de dolor a la palpación en las apófisis espinosas dorsales, una prueba de Schöber de 10.5 cm, distancia dedo-suelo de 45 cm y rotación cervical menor de 20°.

En los laboratorios, la biometría hemática, el examen general de orina, la química sanguínea, las pruebas de función hepática y reumatológicas y los hemocultivos fueron normales.

En los estudios de gabinete la radiografía de columna dorsal mostró una cifoescoliosis de convexidad derecha con formación de sindesmofitos y calcificación del ligamento común vertebral anterior, así como una alteración de la morfología del disco D4-D5.

Es importante recordar que, en pacientes con espondilitis anquilosante y dorsalgia, se deben considerar los siguientes diagnósticos diferenciales:

  • Espondilodiscitis infecciosa: Principalmente descartar brucelosis, tuberculosis o infecciones piógenas.

  • Traumatismos: Se debe preguntar por antecedentes de accidentes, traumatismos u osteoporosis

  • Neoplasias: Descartar metástasis óseas y mieloma múltiple

  • Otros: Considerar sarcoidosis, condrocalcinosis, osteocondrosis, lesión de Anderson (LA)

Tras descartar otras posibilidades, se diagnosticó LA, una complicación de la EA que consiste en una lesión erosiva discal o disco-vertebral, aunque su etiología es desconocida se piensa que puede ser de causa inflamatoria o mecánica/traumática.

Su prevalencia va del 1.5% al 28% de los pacientes con EA, pero actualmente no existen criterios diagnósticos bien definidos.

La radiografía es la primera prueba de imagen y en ella suelen identificarse irregularidades y erosiones de las placas terminales vertebrales en su parte central, destrucción osteolítica, esclerosis reactiva de hueso adyacente, osteofitos vertebrales y en ocasiones fracturas de los elementos posteriores.

Aunque la tomografía es superior a la radiografía, el estudio de elección para el diagnóstico de LA es la resonancia magnética que puede servir para diferenciar entre lesiones o incluso descartar otras patologías como lesiones epidurales, estenosis de canal, alteraciones ligamentarias o fracturas.

Debido a la importante cifosis que presentaba el paciente, no fue posible realizar una RM, el diagnóstico se realizó con una TAC en la que se observó osificación de toda la estructura ligamentosa de la columna, pérdida de altura generalizada de los discos intervertebrales, alteración de la morfología del disco D4-D5, esclerosis subcondral, fenómeno de vacío e irregularidad de las placas terminales.

El manejo inicial de la LA es conservador con reposo, inmovilización y AINE. Cuando el paciente no responde al tratamiento pueden utilizarse inhibidores del TNF alfa o tratamiento quirúrgico.

El paciente de este caso fue tratado con analgesia y AINE, pero ante la persistencia de la sintomatología, se decidió iniciar tratamiento biológico.

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